Vivimos en un tiempo en el que la gente llegando de un viaje a China, ya está pensando en volver a viajar al lugar más lejano, más guay, más exótico, más de moda. En donde la competición por visitar los restaurantes con más estrellas Michelin, se convierte en algo similar a las Olimpiadas, contando cada visita o número de establecimientos visitados como medallas de oro, yo reivindico el milagro del día a día, de la cotidianeidad, el encanto del pequeño restaurante de menú del día, de esos momentos en los que disfrutas de una comida sencilla, a un precio razonable, de un decorado humilde y de la luz que, entrando por la ventana ilumina el milagro de estar vivo.
EL ENCANTO DEL DÍA A DÍA